No por nuestros instintos

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(Lee al final el estudio contextual resumido de este devocional. Esperamos sea de bendición)

Los que os decían: En el postrer tiempo habrá burladores, que andarán según sus malvados deseos. (Judas 1:18)

La guía es siempre un asunto apremiante para el cristiano. Elige un momento de tu vida, cualquier momento, y es probable que hubieras necesitado guía en algún área crucial en ese momento en particular. Siempre necesitamos orientación y la mayoría de nosotros está intensamente consciente de esa necesidad.

El incrédulo, como dice este pasaje, es esclavo del instinto y del ego. Los que no siguen a Dios deben seguir su propia lógica interna. Esa lógica es un desorden de perspectivas distorsionadas, muy frecuentemente impulsadas por el ego. La persona que se guía a sí misma tomará decisiones en base a las necesidades emocionales, al anhelo de autoestima, a los impulsos físicos y a la planificación de la vida presente. No hay nada eterno en cuanto a sus decisiones, ningún deseo de someterse a su Creador, ninguna disposición constante de anteponer las necesidades de otros a los deseos propios. Incluso en su comportamiento moral más alto, esa persona está impulsada instintivamente, donde no mora el Espíritu.

Nosotros también caemos frecuentemente en la toma de decisiones por instinto. Aunque queremos la guía de Dios y la pedimos, a menudo no la esperamos. Tomamos decisiones en base a lo que nos dicta nuestra lógica interna. ¿Tiene la guía del Espíritu esta lógica? ¿O satisfacemos nuestras propias necesidades emocionales, el anhelo de autoestima, los impulsos físicos e intereses de la vida actual? El sabio y eterno Espíritu de Dios mora en nosotros, pero ¿permitimos que sea él quien nos guíe?

Cuando nuestros propios impulsos y razonamiento nos guían, nos conformamos con algo de segunda clase. Incluso cuando esos instintos se han formado por años de servicio al Señor, todavía están sujetos al pecado y al engaño. Podemos usarlos para la gloria de Dios, pero no podemos confiar en ellos. Deben estar sometidos siempre a la mente orientadora de Nuestro Padre Celestial.

No tenemos que seguir los patrones de este mundo. No se nos deja para que resolvamos las cosas por nuestra cuenta. Nuestros deseos perversos no nos gobiernan; ni siquiera nos gobiernan los deseos nobles. No hemos sido abandonados a nuestros propios códigos morales y filosofías supremas. Se nos llama a seguir a nuestro Padre y a servirle fielmente. Debemos someter nuestros instintos a él y caminar de Su mano diligentemente: Sírvete de las cosas temporales, pero aspira siempre a las eternas.

Señor, que cada una de mis decisiones sea guíada por Tu Espíritu y no por mi propio instinto o experiencia; quiero servirte con fidelidad, disciplina y de forma diligente, de manera que cumpla, no mis propios deseos sino el propósito que has destinado para mí.

Estudio Bíblico Contextual del Devocional de Hoy:
Pasaje: Judas 1:18
Tema del Capítulo – Judas 1

En Judas 1, el apóstol Judas comienza hablando del inminente juicio de Dios sobre los pecadores. Su comportamiento licencioso les acarreará una justa condena.

Cita el ejemplo de los ángeles que pecaron y de los egipcios que oprimieron a los israelitas. Siguieron el camino de Caín y Balaam, atrapados por la codicia. Estos acontecimientos son el cumplimiento de las profecías anunciadas por los santos hombres de Dios, por lo que Judas advierte a los hermanos que permanezcan en el amor de Dios y en la misericordia de Jesucristo.

Esbozo de Judas 1:

1.1,2: Saludo

1.3 – 9: El juicio de Dios y los pecadores

1.10 – 13: El ejemplo de Caín y Balaam

1:14 – 19: El cumplimiento de las profecías

1:20 – 25: Consejos a los santos

Comentario Bíblico:
Judas 1:18

Los hombres débiles a la carne y el pecado se separan de Cristo y de su Iglesia, y se unen al diablo, al mundo y a la carne, con prácticas impías y pecaminosas. Esto es infinitamente peor que separarse de cualquier rama de la iglesia visible por cuestión de opiniones o modos y circunstancias de gobierno externo o de la adoración. débiles a la carne y el pecado no tienen el espíritu de santidad, y quienquiera no lo tenga, no pertenece a Cristo. La gracia de la fe es santa hasta lo sumo, porque obra por amor, purifica el corazón y vence al mundo por lo cual se distingue de la fe falsa y muerta. Muy probablemente prevalezcan nuestras oraciones cuando oramos en el Espíritu Santo, bajo su dirección y poder, conforme a la regla de su palabra, con fe, fervor y anhelo; esto es orar en el Espíritu Santo. La fe en la expectativa de vida eterna nos armará contra las trampas del pecado: la fe viva en esta bendita esperanza nos ayudará a mortificar nuestras concupiscencias. Debemos vigilarnos los unos a los otros; fielmente, pero con prudencia para reprobarnos los unos a los otros, y a dar buen ejemplo a todos los que nos rodean. Esto debe hacerse con compasión, diferenciando entre el débil y el soberbio. Debemos tratar a algunos con ternura. A otros, salvar con temor; enfatizando los terrores del Señor. Todas los esfuerzos deben realizarse con aborrecimiento decidido de los delitos, cuidándonos de evitar todo lo que lleve a la comunión con ellos, o que haya estado conectado con ellos, en obras de tinieblas, manteniéndonos lejos de lo que es malo o parece serlo.