Versículo:
Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento. Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. Mateo 14:31–33
Comentario:
A ninguno de nosotros le agrada sufrir. Sin embargo, en las manos de Dios, las pruebas pueden convertirse en instrumentos que nos moldean y nos ayudan a llegar a ser las personas que Él desea que seamos.
Por nosotros mismos, con frecuencia no contamos con los recursos ni con las fuerzas necesarias para enfrentar los grandes desafíos de la vida. Por eso, el Señor provee exactamente lo que necesitamos y, además, nos permite experimentar la seguridad de Su presencia. En el pasaje de hoy, los discípulos pensaban que estaban solos en medio de una violenta tormenta. Cuando vieron a Jesús acercarse caminando sobre el mar, se llenaron de temor porque creyeron que era un fantasma. Entonces, para tranquilizarlos, el Señor les dijo: «¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!».
De la misma manera, durante las crisis de nuestra vida podemos llegar a pensar que Dios está distante o que nos ha dejado solos. Pero Su Palabra nos recuerda que Él nunca abandona a Sus hijos. Aunque nuestras emociones no siempre perciban Su presencia, Su promesa permanece firme. La seguridad de saber que el Señor está con nosotros trae consuelo, fortaleza y una confianza que nos permite perseverar.
Dios también promete mostrarnos un camino en medio de las pruebas. Seguramente los discípulos se preguntaban si lograrían llegar sanos y salvos a la orilla. Sin embargo, si hubieran evitado aquella tormenta, jamás habrían contemplado la extraordinaria manifestación del poder de Cristo. Del mismo modo, el Señor desea revelarnos Su grandeza y enseñarnos a depender más profundamente de Él.
Muchas veces pedimos que Dios quite las dificultades inmediatamente, pero Él también puede usar esas circunstancias para mostrarnos aspectos de Su carácter que de otra manera nunca llegaríamos a conocer. En medio de la prueba aprendemos que Su gracia es suficiente y que Su poder se perfecciona en nuestra debilidad.
Pídele al Señor que te permita experimentar Su presencia constante. Él te dará las fuerzas necesarias para perseverar y la sabiduría para descubrir el camino que ha preparado a través de las dificultades. Ninguna tormenta es demasiado grande para Aquel que tiene autoridad sobre el viento y el mar.
Oración:
Señor, gracias porque nunca me dejas solo en medio de las pruebas. Cuando el temor y la incertidumbre lleguen, ayúdame a recordar que Tu presencia permanece conmigo. Dame fortaleza para perseverar y abre mis ojos para ver Tu poder obrando en cada circunstancia. Que mi confianza descanse en Ti y que, aun en las tormentas, pueda experimentar Tu paz y Tu fidelidad. En El Nombre de Jesús, Amén.