Hoy, Señor, ayúdame a recordar lo grandioso y perfecto de Tu amor, a reconocer que ese amor nunca cambia, que es puro, noble y sin mancha y que cada día me lo entregas sin condiciones porque quieres transformar mi corazón y mi espíritu en un corazón manso, humilde y dócil a Tus propósitos y a Tu voluntad.
Seguir leyendo