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La Liebre y La Tortuga

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Cierto día una liebre se burlaba de las cortas patas y lentitud al caminar de una tortuga.  Pero ésta, riéndose, le replicó: “Puede que seas veloz como el viento, pero yo te ganaría en una competencia”.

Y la liebre, totalmente segura de que aquello era imposible, aceptó el reto, y propusieron a la zorra que señalara el camino y la meta.

Llegado el día de la carrera, arrancaron ambas al mismo tiempo.  La tortuga nunca dejó de caminar y a su lento paso pero constante, avanzaba tranquila hacia la meta.  En cambio, la liebre, que a ratos se echaba a descansar en el camino, se quedó dormida.

Cuando despertó, y moviéndose lo más veloz que pudo, vio como la tortuga había llegado de primera al final y obtenido la victoria.

Con seguridad, constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.

Muchos son los que se derrotan a sí mismos aún antes de empezar la carrera tan sólo porque le dan mucha más importancia a la magnitud de los escollos y a las circunstancias adversas.

Tal vez nos sintamos como la tortuga compitiendo contra las liebres de las circunstancias pero aferrémonos y confiemos en el Señor para que nos siga sosteniendo mientras insistimos… ¡la victoria está asegurada!

Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 15:57)