Guerrero de Dios: No huyas de DIOS

Publicado por

Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor. Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos. Jonás 1:15-16

Jonás huyó en dirección a Tarsis para escapar del plan que Dios tenía para él. Tal vez pensó que, si ignoraba el mandato divino, el Señor cambiaría de opinión o simplemente lo dejaría en paz. Sin embargo, Dios intervino de manera poderosa en su vida hasta llevarlo al punto de rendirse y obedecer.

Desde la perspectiva de Jonás, sus razones parecían justificadas. Los habitantes de Nínive eran conocidos por su crueldad y representaban una amenaza constante para Israel. Por eso, la idea de recorrer aquella gran ciudad anunciando el juicio de Dios resultaba aterradora. Además, como el propio profeta reconocería más adelante, temía que el Señor mostrara misericordia si los ninivitas se arrepentían. Jonás deseaba que fueran castigados por el daño que habían causado a su pueblo, y por eso creyó que huir era la mejor opción.

Sin embargo, lo que parecía razonable a sus ojos estaba en conflicto con la voluntad de Dios. El Señor no abandonó Su propósito ni permitió que la desobediencia del profeta frustrara Sus planes. A través de circunstancias extraordinarias, Dios continuó guiando a Jonás hacia el lugar donde debía estar.

La historia nos recuerda que no existe una verdadera justificación para la rebeldía contra Dios. Nuestro Padre celestial desea nuestra obediencia porque conoce el final desde el principio. Cuando nos pide que hagamos algo, siempre tiene razones que quizás no comprendamos de inmediato, pero que forman parte de Sus propósitos buenos y perfectos.

Muchas veces queremos que Dios adapte Su voluntad a nuestros deseos, pero el Señor no modifica Sus planes para acomodarse a nuestras preferencias. Más bien, utiliza situaciones, personas, circunstancias e incluso la voz de Su Espíritu para dirigirnos hacia el centro de Su voluntad.

Por nuestro propio bien, es mejor responder con disposición cuando Dios nos llama. Puede que la tarea que nos encomiende no sea fácil ni agradable. Tal vez incluso nos produzca temor o incomodidad. Pero si el Señor nos está guiando en esa dirección, podemos confiar en que Su propósito vale la pena y que Su plan siempre es mejor que cualquier camino que nosotros pudiéramos elegir por nuestra cuenta.

Padre celestial, ayúdame a obedecerte aun cuando no comprenda completamente Tus planes. Líbrame de la resistencia y de la tendencia a seguir mi propio camino. Dame un corazón dispuesto a confiar en Tu sabiduría y a responder con fe a cada llamado que hagas a mi vida. Que siempre recuerde que Tu voluntad es buena, agradable y perfecta. En El Nombre de Jesús, Amén.