Guerrero de Dios: No caigas en rechazar Su Voluntad

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¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? Jonás 4:11

Uno pensaría que una tormenta capaz de poner en peligro la vida y varios días en el vientre de un gran pez serían suficientes para hacer reflexionar a una persona. Sin embargo, ese no fue el caso de Jonás. Los últimos párrafos de su historia revelan a un profeta que obedeció a Dios externamente, pero cuyo corazón seguía resistiéndose a la voluntad del Señor.

Jonás pagó un precio muy alto por huir de Dios. Sufrió consecuencias físicas, sociales y emocionales como resultado de intentar ignorar las instrucciones divinas. Pero aun después de que aquellos acontecimientos quedaron atrás, seguía enfrentando el costo espiritual de su rebeldía. Vivía dominado por una profunda amargura y un enojo tan intenso que llegó a desear la muerte como una forma de alivio.

Como creyentes, tampoco podemos desobedecer al Señor sin enfrentar consecuencias. Tal vez exista en nuestra vida algún hábito, deseo o decisión que sabemos que no está de acuerdo con la voluntad de Dios. La pregunta es: ¿hemos considerado realmente el costo? La desobediencia puede parecer atractiva por un momento, pero siempre termina produciendo dolor y alejamiento de la comunión con Dios.

El Señor es santo y justo. Su naturaleza no es compatible con el pecado, y por eso nos llama continuamente a caminar en obediencia. Además, el precio de seguir nuestra propia voluntad suele ser mucho más alto de lo que imaginamos. En cambio, cuando elegimos obedecer al Señor, encontramos Su bendición, Su paz y la satisfacción de saber que estamos caminando en el camino correcto.

A veces no comprendemos por qué Dios nos pide ciertas cosas ni entendemos completamente Sus propósitos. Sin embargo, podemos confiar en Su amor y en Su sabiduría. Él nunca guía a Sus hijos por un camino equivocado. Aunque la obediencia pueda requerir sacrificio, siempre conduce a algo mejor que cualquier plan que podamos diseñar por nuestra cuenta.

Padre, ayúdame a obedecerte con un corazón sincero y rendido a Tu voluntad. Líbrame de la rebeldía, la amargura y el deseo de seguir mis propios caminos. Dame confianza para aceptar Tus planes aun cuando no los entienda por completo. Que mi vida refleje una obediencia nacida del amor y de la certeza de que Tus propósitos siempre son buenos. En El Nombre de Jesús, Amén.