Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros. Mateo 5:11-12
Los mandamientos de Dios a menudo desafían la lógica humana. En este pasaje, Jesús nos llama a regocijarnos en medio de la persecución, algo que parece imposible desde una perspectiva natural. Sin embargo, el gozo no nace de la dificultad en sí, sino de la certeza de que Dios está obrando incluso en el sufrimiento.
El apóstol Pablo es un ejemplo claro de esta verdad. Golpeado, encarcelado y constantemente rechazado, él eligió mirar más allá del dolor inmediato y enfocarse en lo que Dios estaba logrando a través de su vida. Su gozo no dependía de las circunstancias, sino de la fidelidad del Señor.
Romanos 5:3-5 nos recuerda que las pruebas producen perseverancia, carácter probado y esperanza. Cuando confiamos en que Dios es soberano y cumple Sus promesas, podemos alabarle aun en la aflicción. El gozo nos mantiene firmes, evita que nos rindamos prematuramente y nos ayuda a ver la obra completa que Dios está realizando en nosotros.
Rejocijarnos en medio de la prueba no significa negar el dolor, sino afirmar que Dios tiene un propósito mayor. Al mantener nuestra mirada en Él, recibimos la fortaleza necesaria para perseverar hasta el final y experimentar la recompensa que Él promete.
Padre celestial, reconozco que muchas veces me cuesta alegrarme en medio de la dificultad. Ayúdame a confiar en que Tú estás obrando incluso cuando no lo entiendo. Fortalece mi fe, guarda mi corazón del desaliento y permíteme alabar Tu nombre en toda circunstancia, sabiendo que Tú usas cada prueba para mi crecimiento y para Tu gloria. En El Nombre de Jesús, Amén.