Y fué mostrada á Pablo de noche una visión: Un varón Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa á Macedonia, y ayúdanos. Y como vió la visión, luego procuramos partir á Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el evangelio. Hechos 16:9-10
¿Alguna vez has orado por una situación y has sentido plena seguridad de cuál era la voluntad de Dios, solo para descubrir después que las cosas no sucedieron como esperabas?
Durante el segundo viaje misionero de Pablo, él y Silas vivieron algo parecido. Aunque al principio planeaban visitar iglesias que ya habían fundado, después decidieron llevar el evangelio a nuevos territorios. Sin embargo, el Espíritu Santo les impidió entrar en Asia. Entonces se dirigieron hacia Misia con la intención de avanzar hacia Bitinia, pero nuevamente el Espíritu cerró el camino.
En ese momento, probablemente se preguntaron por qué Dios les impediría predicar el evangelio. Después de todo, ¿no había mandado Jesús a todos los creyentes a compartir su fe? (Mateo 28:19–20). La respuesta llegó cuando Pablo recibió una visión en la que el Señor los dirigía hacia Grecia, una región llena de importantes ciudades. Desde allí, el evangelio podría extenderse rápidamente. Más adelante, Pablo llegó a Éfeso y el mensaje alcanzó Asia. Para cuando Juan escribió Apocalipsis, ya existían al menos siete iglesias en ese territorio.
Muchas veces, Dios usa puertas cerradas para guiarnos hacia Su voluntad perfecta y hacia el momento correcto. Por eso, la respuesta más sabia es confiar en Su infinita sabiduría, esperar Su dirección con paciencia y seguir la guía del Espíritu Santo. Nuestra parte es sencilla: confiar y obedecer.
Padre, ayúdame a confiar en Ti aun cuando no entienda por qué ciertas puertas se cierran delante de mí. Dame paciencia para esperar Tu dirección y sensibilidad para seguir la guía de Tu Espíritu. Enséñame a descansar en Tu sabiduría perfecta, sabiendo que Tus planes siempre son mejores y que Tú diriges mis pasos con amor. En El Nombre de Jesús, Amén