Biblia Devocional en 1 Año: Ezequiel 23

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Ezequiel 23: La Parábola de las Dos Hermanas

El capítulo 23 de Ezequiel utiliza la parábola de dos hermanas, Oholah y Oholibah, para ilustrar la infidelidad de Samaria y Jerusalén mediante la idolatría y las alianzas con naciones extranjeras. Esta alegoría subraya la gravedad de su traición a Dios y cómo el juicio divino no podrá ser detenido, debido a sus acciones.

Contexto de la Parábola

Dios compara a Samaria y Jerusalén con dos hermanas que se han prostituido, simbolizando su infidelidad espiritual al buscar alianzas políticas y religiosas con naciones paganas. Oholah representa a Samaria, y Oholibah representa a Jerusalén.

Descripción de las Infidelidades

1. Oholah (Samaria): Oholah se prostituyó en Egipto y luego se entregó a los asirios, buscando poder y protección. A pesar de ser la hermana mayor, su infidelidad la llevó a la destrucción y al juicio divino por parte de los asirios, quienes la expusieron y la dejaron en ruinas (v. 1-10).

2. Oholibah (Jerusalén): A pesar de ver la suerte de su hermana, Oholibah no aprendió y se volvió aún más corrupta. Se prostituyó con los babilonios y los egipcios, buscando alianzas políticas que la llevaron a la idolatría. Su traición fue aún más grave porque, a diferencia de Samaria, Jerusalén tenía el templo y la presencia de Dios (v. 11-21).

Anuncio del Juicio Inminente

Dios declara que las mismas naciones con las que Jerusalén se prostituyó serán las que la juzgarán y destruirán. Los aliados iniciales de Jerusalén se volverán contra ella, despojándola y llevándola a la ruina. Esta retribución simboliza la justicia divina que cae sobre aquellos que traicionan su pacto con Dios (v. 22-35).

Conclusión: La Inevitabilidad del Juicio y el Arrepentimiento

Ezequiel 23 concluye reafirmando que la infidelidad y la idolatría de Samaria y Jerusalén no quedarán impunes. Dios promete que su juicio será justo y severo, y que las consecuencias de sus acciones serán ineludibles. Este capítulo subraya la necesidad de arrepentimiento y de volver a la fidelidad a Dios para evitar la destrucción (v. 36-49).

Versículo clave de Ezequiel 23:

Ezequiel 23 utiliza la parábola de Oholah y Oholibah para ilustrar la infidelidad de Samaria y Jerusalén y destacar la naturaleza inevitable del juicio divino. Este capítulo enfatiza la gravedad de la traición espiritual y la importancia del arrepentimiento y la fidelidad a Dios.

El versículo que encapsula de manera efectiva el mensaje central de este capítulo es Ezequiel 23:49:

«Y pondrán sobre vosotras vuestra lujuria, y llevaréis los pecados de vuestros ídolos; y sabréis que yo soy Jehová el Señor.»

Este versículo es significativo por varias razones:

Retribución por la Lujuria: La frase «y pondrán sobre vosotras vuestra lujuria» subraya que las consecuencias de sus acciones caerán sobre ellas mismas. La lujuria y la infidelidad que practicaron serán la causa de su castigo.

Culpabilidad y Consecuencias: La declaración «llevaréis los pecados de vuestros ídolos» enfatiza la responsabilidad personal por sus acciones. Sus pecados de idolatría traerán consigo el juicio y la retribución negativa por su mal proceder.

Reconocimiento de Dios: La frase «y sabréis que yo soy Jehová el Señor» refuerza la soberanía y la autoridad de Dios. A través del juicio, el pueblo reconocerá que Dios es justo y santo.

Justicia Divina: Este versículo condensa el significado de la justicia de Dios al tratar con la infidelidad y la idolatría. Subraya que el juicio es una consecuencia directa de las acciones del Pueblo impío y que Dios actúa siempre con justicia.

Oración:

Señor, reconozco la gravedad de alejarme de ti y de no seguir tus caminos de bien. Ayúdame a dejar atrás cualquier cosa que pueda convertirse en un ídolo para mi, el dinero, la fama, el éxito, las posesiones materiales o cualquier estímulo que pueda hacer reinar la infidelidad en mi vida. Que tu justicia me guíe a un verdadero arrepentimiento y a una relación más profunda contigo. Permíteme aprender de mis fallos y vivir en fidelidad, reconociendo siempre tu soberanía y amor inquebrantable. En El Nombre de Jesús, Amén.