Versículo diario comentado: 1 Juan 2:15–17

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Versículo:

No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15–17

Comentario:

En Lucas 18:18–30, un gobernante rico se acercó a Jesús para preguntarle cómo podía asegurar su futuro eterno. Jesús aprovechó ese momento para revelar el error en su manera de pensar y mostrar el obstáculo espiritual que había en su corazón.

En primer lugar, aquel hombre creía equivocadamente que las buenas obras podían darle entrada al cielo. Pero la vida eterna no se compra ni se gana; es un regalo gratuito que se recibe por medio de la fe en Jesucristo. Tampoco es algo que podamos alcanzar por nuestras propias fuerzas. La vida eterna pasa a ser nuestra en el momento de la salvación, cuando la vida de Dios viene a habitar en nosotros por medio del Espíritu Santo (Juan 4:14; 14:16–17).

En segundo lugar, la identidad de aquel hombre estaba profundamente ligada a sus posesiones materiales. Jesús confrontó ese obstáculo espiritual con un desafío lleno de amor: “Vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres… y ven, sígueme” (Marcos 10:21). El Señor no estaba enseñando que regalarlo todo fuera el camino hacia la salvación. Lo que quería era que aquel joven reconociera una verdad dolorosa: sus riquezas lo dominaban. Jesús le ofrecía tesoros eternos, pero él decidió alejarse.

¿Hemos caído nosotros en la misma trampa? A veces afirmamos confiar en Jesús para salvación, pero dependemos exclusivamente de nosotros mismos para la vida diaria. Puede resultar tentador apoyarnos en nuestra inteligencia, nuestros talentos, nuestras posesiones o incluso nuestra familia, en lugar de buscar la dirección y la ayuda de Dios.

¿En quién —o en qué— estás poniendo realmente tu confianza?

Oración:

Padre celestial, ayúdame a no poner mi seguridad en las cosas pasajeras de este mundo. Enséñame a confiar plenamente en Ti y a depender de Tu dirección cada día. Libera mi corazón de todo aquello que ocupe el lugar que solo Te pertenece y haz que mi mayor tesoro sea seguirte y vivir cerca de Tu presencia. En El Nombre de Jesús, Amén