28 de Marzo: No hay nada

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(Lee al final el estudio contextual resumido de este devocional. Esperamos sea de bendición)

Palabra:

“No hay nada.” (1 Reyes 18:43)

Elías fue un hombre que supo tener esperanza; esperó con sólida esperanza hasta que vino la respuesta abundante. Frente a la oscuridad y a la perplejidad, él siguió esperando porque el mismo Dios de esperanza vivía dentro de él y esperaba por medio de él. Y no fue avergonzado, porque sucedió que a la séptima vez su criado dijo: “Yo veo una pequeña nube como la palma de la mano de un hombre, que sube del mar”, ¡y al poco rato las nubes oscurecieron el cielo y vino una gran lluvia!

Y usted, ¿puede considerar que Dios es fiel aun cuando sólo hable en voz apacible y delicada? ¿Cuando no hay viento ni terremoto ni fuego? ¿Puede usted emprender el camino cuando ve que la nube no es mayor que la mano de un hombre? Puede usted decir: “No hay nada’, pero espero en ti. Mi mente está entenebrecida en cuanto al camino que debo tomar, pero tú lo sabes todo. ¡A ti alzo mis ojos!“

“No hay nada”, aunque la lluvia que se ha necesitado tanto y por tanto tiempo Ha sido prometida por Jehová, el Padre fuerte y verdadero. Y el cielo está azul y sin nubes y la tierra sedienta y seca, Mas no parece que van a venir aguaceros de los depósitos celestiales.

“No hay nada”, pero el profeta cree y confía en la palabra de su Señor; Porque no es un ídolo mudo, sino el Dios poderoso, omnipotente. Él ha visto sus obras maravillosas, él cree que todavía es fiel; Así que espera humildemente con paciencia la perfecta voluntad de Jehová.

“No hay nada”, oh, ¡cuántas veces el enemigo lo declara! No han dado ningún fruto tus luchas constantes, tus clamores y tus lágrimas. Y el corazón incrédulo dice: “Nada”; nunca antes su engaño ha sido mayor Porque la pequeña nube tan esperada aparece a la séptima vez.

“No hay nada”, pero habrá: Dios es todavía el gran “Yo Soy”. Él es ahora todopoderoso, fiel y siempre lo será;

Y las lágrimas, las luchas y los clamores están registrados en las alturas; No se han olvidado ni se han descuidado, sino que serán contestadas en el futuro.

“Sube, come y bebe; porque una lluvia grande se oye.”

Oración:

Señor, cuando en mi situación llegue a creer que «no hay nada» manténme constante en mi fe y sólido en mi esperanza de modo que pueda decir: «pareciera que no hay nada, pero hay y habrá porque confío en la voluntad perfecta de mi Dios todopoderoso». Amén.

Estudio Bíblico Contextual del Devocional de Hoy:
Capítulo: 1 Reyes 18

En la primera parte de 1 Reyes 18 vemos la aparición de un personaje notable en esta historia. Su nombre es Abdías, y en una época de gran infidelidad a Dios y apostasía en Israel, fue uno de los gobernantes de Acab, pero fue fiel a Dios. «Temía mucho al Señor».

Su vida es un testimonio de que es posible ser fiel a Dios incluso en medio de la más dura oposición. Al igual que Moisés y José en Egipto, Daniel en Babilonia, Juana en el palacio de Herodes, y muchos cristianos que vivieron en el palacio del César (Filipenses 4:22).

Abdías fue uno de los responsables de esconder a los profetas del Señor en el momento en que Jezabel quería matarlos. Los sostuvo con pan y agua durante el tiempo que fue necesario.

Ajab le ordenó que recorriera todo el reino en busca de Elías y se lo trajera, una misión casi imposible en aquella época, porque nadie sabía el paradero del profeta desde hacía mucho tiempo.

Sin embargo, por la gracia de Dios, Abdías lo encontró y le explicó el caso. Al escuchar sus palabras, Elías aceptó acompañarlo.

Ante Ajab, el rey lo acusó de quitarle la paz a Israel, pues desde que había profetizado, no había llovido sobre la tierra. Elías replicó diciendo que más preocupante era el gobierno del rey, que persistía en pecar contra Dios y hacer que toda la nación siguiera su camino.

Elías y los profetas de Baal

Ese mismo día, Elías desafió a Acab, a los 450 profetas de Baal y a los 450 falsos profetas de Asera que había en Israel. El desafío consistía en presentar un sacrificio y la deidad que haría caer el fuego sobre el holocausto, que sería el verdadero Dios.

Toda la gente se reunió para seguir el desafío. Elías dio prioridad a los falsos profetas, que gritaron y se cortaron, durante medio día.

Al verlos, Elías se burló de ellos.

Finalmente, se rindieron y le tocó el turno a Elías, que reparó el altar del Señor, colocó el holocausto, lo roció con agua y gritó (1 Reyes 18:36,37).

Después de orar, inmediatamente cayó fuego del cielo sobre el holocausto y lo consumió por completo.

Cuando el pueblo vio el fuego del Señor, se postró sobre sus rostros, reconociendo que sólo el Señor es Dios. Entonces, por orden de Elías, el pueblo persiguió a los falsos profetas y los mató.

Una gran lluvia

Finalmente, Elías le dijo a Acab que regresara rápidamente al palacio, pues se avecinaba una gran lluvia. Ahab obedeció. Subió al palacio y comió y bebió.

Mientras tanto, Elías fue al Carmelo para orar a Dios y pedir que lloviera sobre Israel. Siete veces se inclinó y oró, hasta que la última vez, su ayudante le dijo que estaba viendo una pequeña nube, similar al tamaño de la mano de un hombre.

Elías se levantó y ordenó al rey que se preparara, porque una gran lluvia estaba a punto de caer sobre la nación. Y así fue.

Qué gran hombre de Dios. ¡Qué ejemplo!

Mi oración es que podamos tener la misma dedicación y sumisión a Dios. Es cierto que si el Señor encuentra la misma fe en nosotros, responderá con grandes obras.

Esbozo de 1 Reyes 18:

18:1 – 16: Mensaje de Elías a Ajab

18:17 – 20: Ajab ante Elías

18.21 – 40: El verdadero Dios

18:41 – 46: El regreso de la lluvia