19 de Diciembre: Poder contar el mal

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(Lee al final el estudio contextual del versículo de hoy) – * Ha sido agregado estudio de referencias cruzadas por palabras y términos de versículo al final del Devocional. Esperamos sea de bendición para ti.

Palabra:

Jehová, a ti he clamado; apresúrate a mí; Escucha mi voz cuando te invocare. (141:1)

En las Escrituras podemos leer muchos salmos en los que el salmista suplica la protección de Dios, unas veces de los ejércitos enemigos, otras de las calamidades de la vida, de las tempestades, sequías, accidentes o engañadores. Pero este salmo expresa la necesidad de ser protegidos del principal enemigo retratado en los salmos. El enemigo más cercano, el mal del propio pecado.

El primer enemigo es descrito (vv. 1-4) al nivel de las palabras, las obras, y el corazón. Una vez más el salmista clama en oración, y ruega en primer lugar por sus labios: «Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.» (v. 3-4). Este es el principal temor del rey David, que sus palabras no vayan a inclinarse hacia cosas malas como evidencia sintomática de que su corazón se ha dejado seducir por el mal.

David reconoce que necesita de la intervención divina para alejarse de lo malo y sabe que Dios suele obrar mediante instrumentos humanos (vv. 5-7): «Que el justo me castigue, será un favor, Y que me reprenda será un excelente bálsamo Que no me herirá la cabeza…» (v. 5). Los creyentes somos, o debiéramos ser, al fin y al cabo, meros instrumentos en las manos de Nuestro Padre Celestial para el bien de nuestros hermanos. David lo pudo comprobar en primera persona cuando el profeta Natán se acercó a él con una clara exhortación respecto a su pecado y la reprensión del justo fue medicina para él. La reprensión puede ser primero amarga, pero luego trae frutos de justicia. Quienes no tienen reprensión, sin embargo, siguen su camino de destrucción sin tener quién los exhorte o sin escuchar la exhortación (vv. 6-7).

La conclusión del salmista es simple, pero no simplista. «or tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; En ti he confiado; no desampares mi alma.» (v. 8). Quiera el Señor hacernos más y más conscientes de ese primer enemigo que llevamos dentro, de nuestra propia caída ante el mal, y de la batalla diaria que hemos de librar con él. Quiera el Señor darnos lla posiblidad de que nuestros ojos no miren hacia dentro, ni hacia los demás, sino hacia Él, pues de Él solamente vendrá nuestra ayuda y nuestras fuerzas para vivir la vida cristiana a la que Él nos llama.

¿Cuán consciente eres de la gravedad de tus propios errores? ¿Oras como David, pidiéndole que Dios no deje que tu corazón se incline al mal? ¿Tienes tus ojos puestos en el cielo o en el suelo? Ora al Señor rogándole que te dé las fuerzas que necesitas para combatir contra tu enemigo más íntimo. La vida del creyente supone una lucha encarnizada contra el pecado, todo aquello que no agrada a Dios, a fin de que el Seños nos siga transformando a Su imagen y semejanza. En esa lucha, tenemos una bendita esperanza y una victoria segura en Cristo Jesús. Pon sobre Él tus ojos. Confía solamente en Él. Que hoy pueda ser, descansando en el poder de Dios, un poco más parecido a lo que serás eternamente por Su gracia.

Oración:

Señor líbrame del mal, de todo aquello que no te honre o te glorifique, pues quiero que mis ojos estén puestos en Tu reino eterno y no el mundo. Sé que de Tu mano podré lograrlo, pues para Ti no hay nada imposible y quieres siempre lo mejor para cada uno de tus hijos. Amén

Estudio Bíblico Contextual del Devocional de Hoy:
Resumen de Capitulo Salmos 141:

David conocía las guerras. De niño, derrotó a Goliat, el campeón de los filisteos. Antes de ser coronado como segundo rey de Israel, fue protegido por Dios de las persecuciones de su predecesor, Saúl. Una vez que ascendió al trono en Jerusalén, dirigió varias campañas exitosas contra los enemigos alrededor de Israel. Derrotó a los rebeldes, dirigidos por su propio hijo, en una guerra civil que amenazaba su trono. En todos estos conflictos, David buscó la fuerza de Dios. Muchos de los Salmos son oraciones hechas por David durante estas batallas.

Sin embargo, David comprendió que los enemigos utilizaban diversas armas, no sólo espadas, flechas y carros de hierro. Percibía las batallas espirituales, las tentaciones de seguir los errores de los hombres malvados, como amenazas reales. En la oración de David en el Salmo 141, trató sus batallas espirituales con gran urgencia, pidiendo ayuda al Señor mismo.

Referencias cruzadas por términos:
Salmos 141:1

Salmos 40:13 – Quieras, oh Jehová, librarme; Jehová, apresúrate a socorrerme.

Salmos 69:17-18 – No escondas de tu siervo tu rostro, Porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela; Líbrame a causa de mis enemigos.

Salmos 143:1 – Oh Jehová, oye mi oración, escucha mis ruegos; Respóndeme por tu verdad, por tu justicia.

Job 7:21 – ¿Y por qué no quitas mi rebelión, y perdonas mi iniquidad? Porque ahora dormiré en el polvo, Y si me buscares de mañana, ya no existiré.