18 de Agosto: Artista supremo

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(Lee al final el estudio contextual resumido de este devocional. Esperamos sea de bendición)

Palabra:

Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. (Jeremías 18:3)

Es precisamente porque Dios los guía que estas cosas les suceden. Las pruebas y los obstáculos son los métodos de disciplina elegidos por el Señor y las condiciones de buen éxito que nos presenta. Quien lee el corazón de los seres humanos conoce su carácter mejor que ellos mismos. Él ve que algunos tienen facultades y posibilidades que, bien dirigidas, podrían ser empleadas en el avance de Su obra. En su providencia, Dios ha colocado a estas personas en diferentes situaciones y circunstancias variadas para que puedan descubrir defectos de carácter que les estaban ocultos. Él les da la oportunidad de corregir estos defectos y llegar a ser aptos para servirle. A veces permite que el fuego de la aflicción los asalte para que sean purificados.

El hecho de que estemos llamados a soportar la prueba muestra que el Señor ve algo precioso en nosotros que quiere desarrollar. Si Él no viera nada en nosotros que pudiera glorificar su nombre, no perdería el tiempo en refinarnos. Él no echa piedras sin valor en su horno. Es el mineral precioso que Él purifica. El herrero pone el hierro y el acero en el fuego para probar qué calidad de metales son. El Señor permite que sus elegidos sean puestos en el horno de la aflicción para probar su temperamento y ver si pueden ser moldeados para su obra.

El alfarero toma la arcilla y la moldea a su antojo. La amasa y la trabaja. La divide y la vuelve a unir. La humedece y luego la seca. Luego lo deja por un tiempo sin tocarlo. Cuando está perfectamente maleable, continúa la tarea de hacer un jarrón con ella. Le da forma, la alisa y la dobla. La seca al sol y la cuece en el horno. Entonces se convierte en un recipiente apto para ser usado. Del mismo modo, el Artista supremo desea moldearnos y formarnos. Y como el barro está en manos del alfarero, así estamos nosotros en sus manos. No intentemos hacer el trabajo del alfarero. Simplemente debemos dejarnos moldear por el Artista Supremo.

Oración:

Señor, transforma mi corazón, moldéalo para hacerme un instrumento acto para las obras de Tu reino y remueve de el las impurezas que me alejen de Ti y que me impidan servirte correctamente, pues quiero que lo primero en mi vida sea alabarte y glorificarte completamente.

Estudio Bíblico Contextual del Devocional de Hoy:
Resumen del capítulo Jeremías 18:

En el capítulo 18 del libro de Jeremías, tenemos: I. Una exposición general de las diversas maneras en que Dios trata con las naciones y los reinos, para que pueda hacer fácilmente con ellos lo que quiera, sí, y tan fácilmente como el alfarero puede hacer con el barro (vv. 1-6). Pero hay que destacar que seguramente sólo hará con ellos lo que es justo y correcto. Aunque el Señor amenace con destruirlos, si se arrepienten volverá a ellos con misericordia. Y cuando el Señor se dirige a ellos con misericordia, nada más que los pecados que puedan cometer interrumpirán la progresión de sus favores (vv. 7-10). II. Una demostración concreta de la insensatez de los hombres de Judá y Jerusalén al apartarse de su Dios en favor de los ídolos, y traer así la ruina sobre ellos, a pesar de la justa advertencia que se les hizo y de las buenas intenciones de Dios hacia ellos (vv. 11-17). III. La queja del profeta a Dios contra la despreciable ingratitud y la excesiva malicia de sus enemigos, perseguidores y calumniadores, y sus oraciones contra ellos (vv. 18-23).

Comentario Bíblico Jeremías 18:3

Mientras Jeremías miraba el trabajo del alfarero, Dios les puso en su mente dos grandes verdades. Dios tiene autoridad y poder para formar y moldear reinos y naciones como le plazca. Puede disponer de nosotros como le plazca; y sería tan absurdo que nosotros disputáramos esto como que el barro discutiera con el alfarero. Sin embargo, siempre sigue reglas fijas de justicia y bondad. Cuando Dios viene en contra nosotros con juicios, podemos estar seguros que es por nuestros pecados, pero la conversión sincera del mal del pecado evita el mal del castigo a personas, familias y naciones.