Versículo:
Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 15:5-6
Comentario:
Cuando Jesús miró hacia la cruz, su petición fue clara: que el Padre fuera glorificado (Juan 17:1). Aunque no somos llamados a un sacrificio como el suyo, sí estamos llamados a compartir ese mismo anhelo. Desde que despertamos cada mañana, nuestro deseo debería ser: «Padre, glorifícate en mi vida». Tanto en las tareas sencillas como en los desafíos más difíciles, el creyente está invitado a reflejar a Dios ante los demás.
Orar por la gloria de Dios implica rendir nuestras preferencias y decir: «Señor, haz lo que sea necesario para darte honor y darte a conocer». Es reconocer que, en Su soberanía, Él sabe qué caminos traerán mayor gloria a Su nombre.
Habrá quienes rechacen al Hijo de Dios, pero nuestro anhelo debe alinearse con el corazón del Padre: que todos lleguen a conocerle. Dios nos llama a alabarle, a dar testimonio de Su obra en nuestras vidas y a proclamar la verdad de Su Palabra. A través de nuestras actitudes, acciones y palabras, tenemos el privilegio de mostrar al Padre a un mundo que lo necesita con urgencia.
Oración:
Padre, deseo que mi vida te glorifique en todo momento. Ayúdame a rendir mis planes y preferencias para que tu nombre sea exaltado. Que mis palabras, mis acciones y mi actitud reflejen tu amor y tu verdad. Úsame para que otros puedan conocerte y honrarte. En El Nombre de Jesús, Amén.