Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7:7–8
Una de las promesas más generosas que Dios ofrece a sus hijos se encuentra en el pasaje de hoy. No solo nos concede la libertad de acudir al Padre con nuestras peticiones, sino que también nos invita a confiar en que Él escucha nuestras oraciones. Sin embargo, quizá te estés preguntando: si esto es verdad, ¿por qué no me ha concedido lo que le pedí?
La clave para comprender este pasaje se encuentra en el versículo 11: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?» Dios, nuestro Creador, conoce nuestras necesidades mucho mejor de lo que nosotros mismos las conocemos (Mateo 6:8).
Es posible que pidamos algo que, desde nuestra perspectiva, nos parezca bueno y necesario, cuando en realidad no sea lo más conveniente para nosotros. Sin embargo, nuestro Padre nos concede aquello que sabe que será más beneficioso para nuestra vida. Entre sus mejores regalos se encuentran las virtudes que forman el carácter de Cristo en nosotros, y estas se desarrollan a través de las pruebas y las dificultades.
Cuando parezca que el Señor no responde a tus peticiones, recuerda que Él es un Padre amoroso. Detente a considerar qué buenos regalos podría estar concediéndote en su lugar. Aunque adquirir una perspectiva verdaderamente espiritual puede llevar años, llegará el momento en que podrás decir: «Señor, tenías razón. Gracias por darme exactamente lo que necesitaba».
Padre amado, enséñame a confiar en tu sabiduría cuando tus respuestas no sean las que espero. Ayúdame a comprender que tú conoces mis necesidades más profundas y deseas mi verdadero bien. Dame paciencia para atravesar las pruebas, humildad para aceptar tu voluntad y un corazón dispuesto a crecer en las virtudes de Cristo. Que nunca deje de orar ni dude de tu amor. En El Nombre de Jesús, Amén.