Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Santiago 4:6-8
“Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes” (Santiago 4:8). ¡Qué promesa tan maravillosa! A medida que abrimos nuestro corazón al Señor, Él abre el suyo hacia nosotros. Si venimos a Él con sumisión, arrepentimiento y quebrantamiento, Él corre hacia nosotros con perdón, amor y fidelidad. En esta relación no hay espacio para la autosuficiencia ni la autoprotección. Solo desde la humildad y el reconocimiento de nuestra insuficiencia descubrimos no solo suficiencia, sino abundancia en Su presencia.
A simple vista, podría parecer que somos nosotros quienes iniciamos esta relación, pero en realidad es Dios quien ha tomado la iniciativa; nosotros simplemente respondemos a Su invitación (Juan 6:44). Muchas veces Él usa situaciones difíciles para captar nuestra atención y atraer nuestro corazón hacia Él. Lo que parece doloroso o desesperante puede ser, en verdad, una invitación divina. Incluso nuestros mayores fracasos y pecados pueden llevarnos a Cristo cuando buscamos Su perdón con un espíritu humilde y arrepentido.
¿Has permitido que la adversidad o las caídas te alejen del Señor en lugar de acercarte más a Él? Satanás intentará usar esas circunstancias para poner distancia entre tú y Jesús, pero el Señor quiere utilizarlas para atraerte a Sí mismo. No permitas que el enemigo gane terreno. “Resiste al diablo, y huirá de ti” (Santiago 4:7).
Señor, dame un corazón humilde que siempre corra hacia Ti y no lejos de Ti. Usa cada situación de mi vida—mis errores, mis luchas, mis temores—para acercarme más a Tu presencia. Ayúdame a resistir al enemigo y a descansar completamente en Tu perdón y fidelidad. En El Nombre de Jesús, Amén.