DIOS PLANTÓ EN TI UNA SEMILLA ÚNICA
A veces miramos alrededor y sentimos que las semillas de otros crecen más rápido, y pensamos que la nuestra no es tan especial.
Pero la diferencia no está en la semilla, sino en quien la cuida. Algunos riegan cada día con fe, otros podan con paciencia, y todos los que dan fruto han aprendido a confiar en el proceso.
Tu semilla también florecerá, pero necesita tus manos, tu constancia y tu oración.
No te compares, cultiva. Porque lo que Dios sembró en ti fue hecho para dar fruto en su tiempo —ni antes, ni después— sino justo cuando tu raíz sea lo suficientemente fuerte para sostenerlo.