¡Reflexión del día!
Somos como árboles de ramas secas, pero Dios nos riega con amor y esperanza para ayudarnos a florecer.
Cuando Dios es nuestro sustento, nos convertimos en árboles verdes, fuertes y abundantes.
Cada etapa de la vida tiene su belleza y su valor.
Dios usa las ramas secas, las hojas verdes, las flores y los frutos para mostrarnos que todo tiene su tiempo y que, con Él, todo es posible y siempre volvemos a florecer.