Batallando en Silencio

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Reflexión

Hay batallas que no se ganan hablando, sino callando.
No porque no tengas razón, sino porque el Espíritu Santo
te enseña que la verdadera libertad no se demuestra
peleando, sino permaneciendo.

Dios no te está pidiendo que resistas desde el esfuerzo,
sino que descanses desde la fe.

A veces, la obediencia más poderosa no es la que hace
mucho, sino la que espera sin moverse, confiando
en que el Padre sigue obrando aunque tú no veas nada.

El Espíritu no se mueve con ansiedad: se mueve con
propósito. Por eso hoy el Señor te recuerda:
“No corras detrás de lo que ya puse en camino.
No toques lo que aún estoy formando.
No respondas desde tu carne lo que solo el Espíritu puede resolver.”

Tu proceso no se llama castigo, se llama entrenamiento
para la profundidad. Y en esa profundidad, el amor
deja de ser emoción para volverse decisión.