Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Filipenses 1:6
El camino de cada cristiano es único. Sin embargo, existen ciertas etapas de crecimiento espiritual que deberían ser comunes a todos los hijos de Dios. A medida que avanzamos en nuestra relación con el Señor, Él va desarrollando en nosotros una obra de transformación. Consideremos algunas de estas etapas:
El Señor nos enseña los principios fundamentales de la fe. Cuando comenzamos a seguir a Cristo, Dios desea enseñarnos las verdades básicas que servirán como fundamento para nuestra vida espiritual. Nos comunica estas enseñanzas por medio de otros creyentes, de su Palabra y de las diferentes circunstancias que atravesamos.
Dios nos permite servirle. Fuimos creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, y esto se hace evidente cuando nuestra vida comienza a glorificar al Señor (Efesios 2:10). Servir a Dios es una oportunidad para poner en práctica nuestra fe y reflejar el amor de Jesús a quienes nos rodean.
El Señor nos lleva a reconocer nuestras propias limitaciones. En ocasiones, Dios permite que experimentemos una profunda sensación de incapacidad y frustración. A través de estas experiencias, nuestro Padre nos enseña que no podemos alcanzar nada verdaderamente valioso sin su dirección y su poder. Aprendemos que depender de Él no es una señal de debilidad, sino una necesidad espiritual.
Dios nos enfrenta con aquello que nos mantiene cautivos. Para que experimentemos una verdadera libertad, el Padre permite que nos encontremos cara a cara con las situaciones, los hábitos o las dificultades que nos mantienen atados. Con su ayuda, nos permite atravesar esas luchas. Cuando nos rendimos a Él y buscamos comprender las cosas desde su perspectiva, comienza a obrar para liberarnos.
El Señor nos enseña a vivir una vida rendida a Cristo (Gálatas 2:20). Nuestra vieja naturaleza fue crucificada juntamente con Cristo, y ahora es la vida del Salvador la que debe manifestarse a través de nosotros. A medida que nos entregamos a Él, dejamos de depender de nuestras propias fuerzas y permitimos que Jesús viva y obre en nuestro interior.
Al reflexionar sobre estas etapas, quizá puedas reconocer en cuál de ellas está obrando Dios actualmente en tu vida. Él es paciente y fiel en su labor de transformación. No abandona la obra que ha comenzado en nosotros. Entrégate hoy al Espíritu Santo y pídele que continúe moldeando tu carácter hasta que llegues a reflejar cada vez más la imagen de Jesucristo.
Padre celestial, gracias porque no te cansas de trabajar en mi vida. Ayúdame a aceptar cada etapa de mi crecimiento espiritual, incluso aquellas que implican pruebas, renuncias y reconocer mis propias limitaciones. Enséñame a depender de tu poder, a servirte con amor y a rendirme completamente a tu voluntad. Espíritu Santo, transforma mi corazón y haz que mi vida refleje cada día más el carácter de Jesús. Amén.