Versículo:
Nunca se aparten de ti la misericordia y la verdad; Átalas a tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón; Y hallarás gracia y buena opinión Ante los ojos de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-6
Comentario:
Si Dios es todopoderoso, ¿por qué no todas las personas experimentan sanidades milagrosas? Existen varias razones. En ocasiones, simplemente no acudimos a Él en oración. Otras veces, pedimos con motivaciones equivocadas o con una fe débil. Y también existe una respuesta que no siempre nos agrada escuchar: Dios puede decidir no conceder la sanidad.
Pensemos en Pablo. En tres ocasiones le pidió al Señor que quitara de su vida aquel “aguijón” que tanto lo afligía. Sin embargo, la respuesta divina fue permitir que permaneciera. La reacción del apóstol nos deja una gran enseñanza. No cuestionó la autoridad de Dios ni se llenó de quejas. Al contrario, comprendió que el poder del Señor se manifestaría en medio de su debilidad y decidió confiar en Él.
Nosotros también podemos descansar en la promesa de que nuestro Padre hace que todas las cosas cooperen para bien en la vida de Sus hijos. De hecho, muchas veces es en medio del dolor, la pérdida y las dificultades donde el carácter cristiano se fortalece y madura. Aunque las pruebas son incómodas y dolorosas, podemos tener esperanza e incluso gozo al saber que Dios está obrando a través de ellas.
En última instancia, nuestro Padre busca Su gloria y el bien de aquellos que le pertenecen. Hay ocasiones en que esto implica una sanidad milagrosa, pero muchas otras veces el Señor decide refinarnos permitiendo la prueba. Así como el oro y la plata son purificados por el fuego, nuestros corazones son moldeados y limpiados en medio de las luchas de la vida.
Aunque no siempre entendamos Sus caminos, podemos descansar en la certeza de que Su amor no cambia y que Sus planes son perfectos. Nuestra confianza no debe estar únicamente en recibir aquello que pedimos, sino en el Dios que siempre sabe lo que es mejor para nosotros y nunca deja de sostenernos con Su gracia.
Oración:
Señor, ayúdame a confiar en Tu sabiduría aun cuando no comprenda Tus respuestas. Fortalece mi fe en medio de las pruebas y enséñame a descansar en Tu amor. Gracias porque siempre obras para mi bien y porque Tu gracia es suficiente en toda circunstancia. Que mi corazón permanezca firme y confiado en Ti. En El Nombre de Jesús, Amén.