Versículo diario comentado: Romanos 5:1–6

Publicado por

Versículo:

Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Romanos 5:1–6

Comentario:

Pablo utilizó una hermosa expresión para describir la posición del creyente en Cristo: hemos sido introducidos por la fe a la gracia de Dios y permanecemos firmes en ella. La gracia no es un pequeño depósito de misericordia que pueda agotarse con nuestros errores; es un océano inmenso e inagotable. La bondad del Señor es mucho mayor que todas nuestras fallas y pecados.

Comprender esta verdad es fundamental para la vida cristiana. Dios envió a Su Hijo Jesucristo a la cruz para pagar la deuda que nosotros nunca podríamos saldar. Ahora ofrece gratuitamente Su perdón, Su favor y Su amor a todos los que creen en Él.

Sin embargo, muchas personas tienen dificultades para aceptar esta realidad. Afirman que la salvación es un regalo de Dios, pero viven como si todavía tuvieran que ganarse Su aprobación. Intentan merecer Su amor mediante esfuerzos, sacrificios o buenas obras. Pero un regalo deja de ser un regalo cuando hay que pagarlo o ganarlo. La gracia es precisamente eso: un favor inmerecido que Dios concede libremente.

Esto no significa que las buenas obras carezcan de importancia. La Biblia enseña que no pueden salvarnos, pero sí son valiosas para nuestro crecimiento espiritual y para el servicio a Dios. Los creyentes estamos llamados a servir al Señor cada día. Sin embargo, la diferencia está en la motivación. No servimos para obtener el amor de Dios; servimos porque ya hemos recibido ese amor.

Desde fuera, es difícil saber por qué una persona hace el bien, pero Dios conoce las intenciones más profundas del corazón. Él sabe si actuamos por gratitud o si estamos tratando de ganar algo que ya nos ha sido concedido en Cristo.

Nunca podremos comprar la gracia de Dios ni asegurar Sus bendiciones mediante nuestros esfuerzos. Su bondad no se obtiene por méritos humanos. Él la derrama generosamente sobre Sus hijos. Nuestra tarea no es ganarla, sino recibirla con fe, vivir agradecidos y responder con una vida de amor y obediencia.

Oración:

Padre, gracias por Tu gracia inmerecida y por el regalo de la salvación que has puesto a mi alcance por medio de Jesucristo. Líbrame de pensar que debo ganar Tu amor o merecer Tu favor. Ayúdame a descansar en Tu obra perfecta y a servirte con un corazón agradecido. Que mis acciones sean una respuesta de amor a la gracia que ya he recibido de Ti. En El Nombre de Jesús, Amén.