Guerrero de Dios: Despojaos del viejo hombre

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Despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Efesios 4:22–24

Cuando una persona pone su fe en Jesucristo, es salvada y santificada, es decir, apartada para los propósitos de Dios. A diferencia de la salvación, que ocurre en un instante, la santificación es un proceso que dura toda la vida. Como seguidores del Salvador, estamos llamados a dejarnos guiar continuamente por el Espíritu Santo. Si Él dirige nuestra vida, entonces estamos siendo santificados, creciendo y madurando progresivamente en nuestra fe.

Para avanzar, es necesario tener una meta clara. El apóstol Pablo explica el propósito del creyente: Dios nos predestinó a ser hechos conformes a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esto significa que nuestro carácter, nuestra conducta y nuestras palabras deben reflejar a Cristo. Para ello, Dios nos ha dado Su Espíritu como Maestro y Guía, quien transforma nuestra mente y nuestro corazón para que podamos representar al Señor ante quienes nos rodean.

Cuando permitimos que el Espíritu Santo nos dirija, comenzamos a hablar y actuar de acuerdo con nuestra verdadera identidad como hijos de Dios. El Padre desea que Sus hijos sean ejemplos vivos de Su carácter. Él no espera perfección absoluta, pues conoce nuestra fragilidad, pero sí nos guía para que vivamos de una manera digna del llamado que hemos recibido (Efesios 4:1), creciendo cada día en justicia y santidad.

Padre celestial, gracias porque has comenzado una obra en mí y continúas transformándome día a día. Ayúdame a despojarme del viejo hombre y a vivir conforme a mi nueva identidad en Cristo. Guíame por Tu Espíritu para reflejar Tu carácter en todo lo que pienso, digo y hago. En el Nombre de Jesús, Amén.