Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Santiago 5:16
Esta es nuestra confianza: todo lo que pedimos en oración conforme al plan del Padre será concedido (Juan 14:13–14). Y mientras más tiempo pasamos en Su presencia, más comprendemos Su voluntad y aprendemos a orar de acuerdo con ella.
La oración no cambia la mente de Dios, pero eso no significa que sea innecesaria. Al contrario, cumple una función esencial: transforma el corazón del creyente. Algunas peticiones son respondidas de inmediato, simplemente porque nuestro Padre es bueno y se deleita en bendecir a Sus hijos. Otras requieren tiempo, preparación o procesos divinos antes de cumplirse. Mientras tanto, nuestra responsabilidad es perseverar en la oración.
Sea cual sea la respuesta del Señor, o el tiempo que Él determine, confiamos en que siempre tiene lo mejor para nosotros. Eso significa que quizá no recibamos exactamente lo que pedimos, sino algo superior. Así es el amor de Dios: Él conoce perfectamente cada deseo del corazón y sabe cómo satisfacerlo de la mejor manera.
La oración es la herramienta más poderosa que tenemos para impactar nuestro entorno y las vidas que nos rodean. A través de ella, somos testigos de la mano de Dios obrando en cualquier situación. Y cuando aprendemos a darle tiempo y atención en comunión constante, descubrimos que no hay límites para lo que Él puede hacer en nuestro corazón y en nuestras circunstancias.
Padre amado, enséñame a orar con fe, perseverancia y conforme a Tu voluntad. Transforma mi corazón mientras espero Tus respuestas y ayúdame a confiar en Tus tiempos perfectos. Que mi vida sea moldeada por la comunión constante contigo. En el Nombre de Jesús, Amén.