Oración para recordar que el Señor está presente en toda nuestras tormentas
Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Marcos 4:39
Señor Tú que eres Soberano sobre toda la creación, me acerco a Ti reconociendo Tu grandeza y Tu majestad. Tú eres el Dios que camina sobre las aguas agitadas, que no se intimida ante el viento fuerte y cuyo trono permanece firme aun cuando la tierra tiembla.
Confieso, Padre, que en medio de esta tormenta que se ha levantado de forma inesperada en mi vida, mis ojos se han desviado de Ti. El ruido ensordecedor del miedo y las olas del pánico amenazan con hundir mi barca y hacer naufragar mi fe. La sensación de abandono y la desesperación intentan convencerme de que estás distante, inalcanzable o indiferente a mi dolor y a mi sufrimiento en medio de esta oscura tempestad.
En esta hora de intensa aflicción, clamo para que Tu presencia se haga real y tangible en mi interior. Recuérdame, Espíritu Santo, que no estoy solo en medio de este torbellino. Extiende Tu mano fuerte para sostenerme, así como lo hiciste con Pedro cuando comenzó a hundirse en las aguas de la duda. Dame la gracia de mantener mis ojos fijos en Cristo, el ancla inquebrantable de mi alma. Si es Tu voluntad, reprende los vientos y dile a mi mar interno: «Enmudece, enmudece». Pero si la tormenta debe continuar afuera, concédeme Tu paz sobrenatural aquí adentro. Dame la certeza de que estoy seguro bajo Tu presencia y de que este temporal no me destruirá, sino que me acercará más a Ti.
Te doy gracias, Señor, porque Tu presencia es mi mayor garantía de victoria y de protección. Descanso sabiendo que mi barca no se hundirá, pues el Dueño del mar está conmigo. En el nombre de Jesús, Amén.